Mostrando entradas con la etiqueta globalización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta globalización. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de agosto de 2014

Red social, contenido abierto y voluntad.



 

Red social, contenido abierto y voluntad


La primera edición de la Enciclopedia Británica se remonta a 1768, en Edimburgo, Escocia. Actualmente, el equipo de producción cuenta con 100 editores y 4000 expertos contenidistas. Expertos. Por algo la Enciclopedia Británica es la enciclopedia más prestigiosa del mundo.
En http://www.britannica.es/ se puede acceder a la versión en español de la plataforma que no sólo promueve el uso de la enciclopedia sino que ha montado un aparato educativo que se legitima en más de dos siglos de experticia. Cursos, capacitaciones, asesoramientos, recursos, noticias. La enciclopedia se vende en el mercado virtual y pisa fuerte, sólidamente imbuida de ideales de saber.
¿Por qué una editorial de trayectoria consolidada pone en la escena del mercado virtual su oferta de conocimiento? Porque responde a la Nueva Economía (Castells, 2001) pero también como un gesto de apropiación del saber prestigiado y experto frente a la oferta de conocimientos no legitimados, no autorizados ni respaldados por trayectorias analógicas nacidas en el libro, que emergen en nuestra sociedad red: Wikipedia.
Nadie ignora que Wikipedia es la enciclopedia más consultada el mundo. Nadie ignora que las entradas de Wikipedia son elaboradas colaborativamente y no se necesita tener un título universitario ni ningún otro para ser contenidista: basta con voluntad. Y colaborativamente significa que los usuarios enfrentan/confrontan y legitiman sus saberes frente a pares con expreso deseo de convertir esos conocimientos en contenidos abiertos, sin fines de lucro, sin otra ganancia que la satisfacción de dar lo que se sabe, sólo por darlo. Y este gesto de apropiación/devolución, rompen jerarquías y desordenan los discursos del poder –entendidos como los discursos que engendran la falta y generan la culpa en quien lo recibe (Barthes, 1973).  Británica y Wiki materializan una disputa en nuestro campo cultural: la famosa disputa entre “capital simbólico” y “capital económico” (Bourdieu, 1966).  Cuanto mayor capital cultural tenga un sujeto, una academia, un libro, cuanto más reconocido sea por sus pares académicos, más poder tendrá dentro de este campo cultural. Por el contrario, si ese mismo sujeto o libro pasa a ser popular y adquirir capital económico, se desvaloriza su capital cultural y pierde poder.  La poderosa es Británica, pero la popular es Wiki.
Sin culpa ni capitales, hemos aprendido a leer en Wikipedia sin cuestionar su credibilidad, porque su popularidad la hace casi invisible.  Al respecto de la credibilidad, esto decía Castells hace unos años “Pero el problema esencial, cuando todo está en Internet, es de credibilidad, y es ahí donde los medios de comunicación siguen teniendo un papel esencial, ya que la gente tiende a dar mayor credibilidad a La Vanguardia, al New York Times, a El País o a El Periódico de Cataluña que a lo que Manuel Castells pueda poner en la red en un momento determinado. En ese sentido, el brand name, la etiqueta de veracidad, sigue siendo importante, a condición de que esa etiqueta se respete, con lo cual la credibilidad de un medio de comunicación se convierte en su única forma de supervivencia en un mundo de interacción y de información generalizada.” (Castells, 2001).
Más de diez años después, la credibilidad y la experticia siguen siendo problemas de internet. Las redes sociales se han convertido en vehículos de comunicación tan poderosos que todos los medios masivos de comunicación se han volcado a generar espacios para que los usuarios accedan desde las redes a las noticias o reciban las noticias en las cuentas de Facebook o Twitter. Entrar a las redes es hacerse visible en internet. Y ser creíble o experto no es tan trascendente como ser popular o viral. Y lo viral, lo popular, se instala, se posiciona fuertemente y se hace invisible, habitual, nuestro.
“No consumimos conocimiento como entidades pasivas que permanecen inalteradas, puesto que el conocimiento circula a través de nuestro mundo y nuestro trabajo. En esta danza, demandamos el conocimiento de los demás –en maneras que los creadores de ese conocimiento ni se imaginan. Lo hacemos nuestro, y al hacerlo, disminuye la importancia de la fuente original” (Siemens, 2006). Conocer es hoy otra aventura.  Encabalgados entre la era analógica y digital, conocer puede parecer una aventura inconmensurable. Aprender puede parecerse al caos. Lejos de esta mitología fundada en que se navegar en internet es sinónimo de perderse, aprender ya no significa sentarse cuatro horas delante de un sujeto legitimado por su pertenencia a una academia con reconocimiento social. Aprender también es elegir de qué manera, cómo y qué quiero aprender. Y en un gesto que nos deja la sensación de que lo oclusivo del conocimiento es algo de otro siglo, las universidades están abriendo sus puertas a la libre circulación de los contenidos. Están ofreciendo cursos abiertos, gratuitos, para cualquier persona de este planeta. Y están colocando en repositorios abiertos muchos textos, muchos libros que empolvaban repisas en bibliotecas olvidadas.
No podemos pedir que todas las puertas se abran, pero podemos celebrar las abiertas.

Referencias biblográficas:
-Barthes, Roland (1973) El placer del texto y Lección inaugural de la cátedra de semiología literaria del Collège de
France. Buenos Aires, Siglo XXI, 2003. pp. 111 – 150.
-Bourdieu, Pierre (1966) Campo de poder, campo intelectual. París, Montressor.
-Castells, Manuel (2001). “Internet y la Sociedad Red. Lección inaugural del programa de doctorado sobre la sociedad de la información y el conocimiento (UOC)”.  Disponible en http://www.uoc.edu/web/cat/articles/castells/print.html
-Siemens, George. (2006) Conociendo el conocimiento. Versión con licencia Creative Commons de esta obra disponible en http://www.nodosele.com/editorial.